25.12.11

La foto que no hice


La luz que entra por esta casa tiene ratos como de hada madrina. Hoy he dejado de hacer, con la cámara, cientos de fotos...

20.12.11

Fazal Sheikh

Fazal Sheikh es un funámbulo de eso que separa la vida de la muerte, de los que no están y los que sobrevivieron... no se sabe muy bien por qué.
Retratista de la dignidad de las personas que fueron borradas, literalmente, del mapa.

Cartier-Bresson abandonó Magnum en 1966, porque sentía que la televisión, la publicidad y los mecanismos de mercado alteraban la integridad de su oficio. Decía que existía un abismo entre las necesidades económicas de la sociedad de consumo y las exigencias que planteaban los que dan testimonio de nuestro tiempo. Fazal nos demuestra que impossible is nothing.

Slow down. Fazal nada a su ritmo, muy Cuarteto de Alejandría.

Cuando el tiempo deja de ocupar espacio, cada uno respira, libremente, a su manera.

Above Simran, Homeless shelter, Delhi, India, 2008. (©Fazal Sheikh/Courtesy of Steidl).

16.12.11

La foto que no hice

Denise Zola, fotografiada por su padre, Émile (1903)
Hay una chica en la escuela. Es mi chica de la escuela,  porque siempre la busco para mirarla de reojo. Es alta, de complexión fuerte, de pelo recio, oscuro, rizado y largo. Muy largo. Tiene una belleza muy peculiar, recién salida del siglo XIX. Parece Denise Zola.
Todos los días se me escapa ese retrato. No sé a qué estoy esperando...

Sube la temperatura

Pablo Almansa, para la campaña "Pastillas contra el dolor ajeno"
Estuve en charla que organizó cienojos con Pablo Almansa y Jorge Martínez. La sala estaba más que llena. De gente, de ganas, de ilusión. Estaba llena de vida. Pablo habló de su trabajo como fotógrafo editorial, su trabajo personal, de su trayectoria... pero lo que más me gustó de Pablo, lo que más me interesó, fue lo que no dijo, lo que calló. Notabas cómo la sala se iba cargado de afectos, como la crecida de un río. A nadie, creo, dejó indiferente. 

Jorge nos habló de su proyecto, genial, de "Pastillas contra el dolor ajeno" cómo se fraguó la idea y cómo está evolucionando su campaña.
Se hacía tarde, más que de costumbre, salimos de la sala y miraba las miradas mientras subíamos las escaleras que nos llevaban a la calle, escuchaba los comentarios y los carraspeos de garganta...

A veces, cuando se habla, se dice justo lo que se está callando, e involuntariamente, se genera un afecto en el interlocutor, que recoge lo que su contertulio no quiere tener dentro de sí. Sube la temperatura. Enfríate, si puedes. Ese será tu reto.

5.12.11

El hombre de la mirada de oro

Henri Cartier-Bresson, "Alberto Giacometti", París (1971).

"La fotografía nunca me ha interesado", esto decía Cartier-Bresson. Muchos lo tomaron como una excentricidad de artista, pero si miramos bien sus fotos y si leemos pausadamente sus textos, sería una incongruencia tomarse su postura a la ligera.

Cartier-Bresson no era frívolo, no tenía ese sentido del humor. Otro sí, ese no.
Budista sin saberlo, zahorí de la armonía. Tú ves la escena insólita, él resolvía operaciones algebraicas en plena calle y las inmortalizaba con su Leica... sombras, tangentes, diagonales, planos cartesianos... Era el hombre de la mirada de oro, de la mirada aurea.

Cartier-Bresson era pintor. Entre medias, hizo miles de fotografías, luego colgó su cámara y siguió pintando. Consideró la fotografía como una manera inmediata de pintar. Pintar el instante, pintar con el instinto.
Decía, con razón, que la fotografía es una acción inmediata y el dibujo, una reflexión. Por esos sus fotos, aparentemente tan insólitas y azarosas, eran fruto de su manera de estar en el mundo, de la medida perfecta, y de la espera. Saber esperar a que se produjera el instante decisivo. Como un camaleón que aguarda, pacientemente, al insecto que posa, distraído, justo delante de su lengua.