1.10.11

Usted pulse el botón, nosotros hacemos el resto

Quién nos iba a decir que este eslogan de 1888 iba a estar tan vigente a día de hoy. George Eastman lo supo desde el principio.

Este inventor, empresario y sobre todo gran visionario fue el padre de la popularización de la fotografía. Eastman fundó la Kodak (Eastman Kodak Comany) allá por 1881 con Henry Strong, en Rochester (Nueva York).

Tuvo la brillante idea de crear una cámara de fotos, pequeña y fácil de usar (tenía una lente fija) que comercializó en 1888 con el nombre de Kodak Nº1, acompañada del enorme eslogan “You press the button- We do the rest”.


La fotografía se expandió como la pólvora, de hecho en un artículo de 1884 en el New York Times, con mucha ironía comparaba la “epidemia de la cámara” con la desenfrenada plaga de cólera que asolaba Europa, decía así: “la epidemia de la cámara supone un grave peligro incluso para aquellos que nunca han estado en contacto con una”.
La fiebre Kodak tuvo incluso un hueco la novela de Bram Stoker, Drácula (1897), ya que su protagonista Jonathan Harker llevaba una consigo.

Esta sencilla cámara venía de fábrica con un rollo de película con el que se podían hacer 100 fotografías, que eran reveladas en Rochester. Las instantáneas eran esféricas, de 2.5 pulgadas (6.35 cm) de diámetro. El método evoluciona de año en año con la idea de hacer cámaras y procesados más sencillos y accesibles. La diversión en tus propias manos.

En 1900 sale al mercado la Kodak Brownie, una cámara pensada para los niños. Kodak no se limita a las tiendas especializadas de fotografía y tuvo una cálida acogida en los grandes almacenes, y así pasa a ser objeto de deseo de la mamá, del abuelo, la nany y de los niños.

La modernidad y la inmediatez vienen de la mano, y lo cotidiano irrumpe en la rígida educación victoriana. Tu día a día puede ser una gran historia.

Se cree que fue John Herchel quien acuñó el término de “instantánea” (snapshot) a mediados del XIX, pero sin duda fue George Eastman quien nos brindó la posibilidad de que todos pudiéramos disfrutar de su magia.

A George Eastman y Steve Jobs los separa un siglo, sin embargo se me hace imposible pensar en uno y no saltar al otro. Y de ahí me voy a Lost y de Lost a John Locke, que me quedo con su frase: “They need someone to tell them what to do”.
Tomo esta frase en el mejor de sus sentidos. Visionarios que viven más allá de la temporalidad, ellos trazan una coordenada y luego una abscisa. El mundo gira sin pensárselo dos veces.