18.2.15

Paul Strand, el fotógrafo con pies de plomo.

Últimamente me lleva rondando esta foto por la cabeza.

Imagínate que la niña, que te mira intensa y contenida, no tiene ese sombrero de paja, de pueblo, sostenido en las manos... 

Imagínate también que no están esas ramas a la derecha, que encuadran a la niña y le dan sentido, verticalidad y volumen a la fotografía...

Imagínate ahora, que el muro de su espalda no está salpicado por restos de musgos, o lo que una vez fueron raíces de alguna planta vivaz o humedades, que simplemente fuera un muro plano, mudo, sin esa textura sutil, pero que brutalmente te atrapa la atención, y te lleva al centro de la Tierra, o sea, la mirada intensa en combinación con su actitud serena y contenida. 

Imagínate que los botones de su vestido no brillan, no establecen una extraña simetría que te dirigen a su cuello, su boca, su nariz... su pelo, que no intensifican esa sensación de verticalidad que ya señalan las ramas de la derecha, que no proporcionasen la estatura de la niña dentro de la foto. 

Tener los pies de plomo, te hace mirar con pies de plomo. ¿O no?.

Paul Strand, "Aprendiz de costurera", 1953.

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