28.11.11

Fotografiar del natural

Henri Cartier-Bresson,
"Detrás de la estación de Saint-Lazare", París, (1932).
Fogografiar es retener la respiración cuando todas nuestras facultades se conjugan ante la realidad huidiza; es entonces cuando la captación de la imagen supone una gran alegría física e intelectual.

Fotografiar es poner la cabeza, el ojo y el corazón ante un mismo punto de mira.

Fogografiar es comprender que la fotografía no puede separarse de otros medio de expresión visual. No de probar, ni afirmar la propia originalidad. Es un modo de gritar y de liberarse. Es una manera de vivir.

Para significar el mundo hay que sentirse implicado con lo que el visor destaca. Esta actitud exige concentración, disciplina del espíritu, sensibilidad y sentido de la geometría. La simplicidad de la expresión se consigue mediante una gran economía de medios. Hay que fotografiar siempre partiendo de un gran respeto por el tema y por uno mismo.



Cómo llega a la fotografía: empieza por la pintura, pero se enamora de la fotografía a través del cine. Es decir, su formación es pictórica y cinematográfica. Empieza en fotografía con una cámara de placas para hacer "arte", pero cuando descubre la Leica, no se separa jamás de ella.

Qué significa "sigo siendo un amateur, pero sigo siendo un diletante": que sigue siendo un amante de la fotografía, pero no es un aficionado. Cartier Bresson quiere seguir en la línea de la espontaneidad, sin el encorsetamiento de la profesionalidad, pero sin ser un aficionado de "fin de semana", que es una mala receta para la fotografía.

Qué papel tiene la fotografía en la memoria: por un lado hacer fotos sin saturaciones, no llenarte de fotos. Pero por otro lado no dejarte agujeros, hay que haberlo contado todo, luego no se puede volver.

A qué se refiere con "el instante preciso": es lo que ha sido la esencia de la foto, es captar lo que se va. NO  es el instante decisivo, sino el saber aprehender ese instante que se va.

Qué opina CB de las manipulaciones fotográficas: opina que la foto tiene que salir bien, que no se debe manipular. El que sabe mirar, sabe mirar también las manipulaciones. De hecho en los fotograbas dejaba el borde negro para dejar constancia de que no recortaba las fotos.

Qué es el tema: no es una recolección de hechos, el fotógrafo debería saber "leer entre hechos", es decir, saber captar dónde está pasando algo de verdad. Llegar al lugar y saber dónde está pasando lo importante.

Qué le atrae del retrato a CB: intentar hallar similitudes entre los hombres que se representan. Captar el reflejo del mundo tanto en el interior y el exterior. Intentar captar las personas en situación.

La fotografía es para mí el reconocimiento en la realidad en un ritmo de superficies, líneas o valores; el ojo recorta el tema y la cámara no tiene más que hacer su trabajo, que consiste en imprimir en la película la decisión del ojo.

Par qué sirve la composición: servía para ordenar las fotos y a posteriori servía para reflexionar.
Es como la ortografía, no es el mensaje en sí, sino el medio. No le gustaba reencuadrar una vez hecha la toma. De hecho en sus copias se ven los bordes negros, imperfectos, como una manera de mostrar que la foto no estaba reencuadrada.

La técnica debe crearse y adaptarse, únicamente, para realizar una visión. Es importante en la medida que debemos dominarla para que nos devuelva lo que vemos. Lo que cuenta es el resultado, la prueba de certidumbre que deja la foto.

Cuál es la función del "compaginador" consiste en saber extraer de un abanico de foto la mejor imagen para ir a toda página, adobe página, o saber insertar un documento pequeño de manera que haga las veces de locución conjuntiva en la historia.

La fotografía es el reconocimiento simultáneo de una fracción de segundo, por una parte del significado de un hecho y, por la otra, de una organización figuras de las formas percibidas visualmente que expresas en ese hecho.

Prólogo: "La fotografía nunca me ha interesado", esto decía Cartier-Bresson. Muchos lo tomaron como una excentricidad de artista, pero si miramos bien sus fotos y si leemos pausadamente sus textos, sería una incongruencia tomarse su postura a la ligera.

Cartier-Bresson no era frívolo, no tenía ese sentido del humor. Otro sí, ese no.
Budista sin saberlo, zahorí de la armonía. Tú ves la escena insólita, él resolvía operaciones algebraicas en plena calle y las inmortalizaba con su Leica... sombras, tangentes, diagonales, planos cartesianos... Era el hombre de la mirada de oro, de la mirada aurea.

Cartier-Bresson era pintor. Entre medias, hizo miles de fotografías, luego colgó su cámara y siguió pintando. Consideró la fotografía como una manera inmediata de pintar. Pintar el instante, pintar con el instinto.
Decía, con razón, que la fotografía es una acción inmediata y el dibujo, una reflexión. Por esos sus fotos, aparentemente tan insólitas y azarosas, eran fruto de su manera de estar en el mundo, de la medida perfecta, y de la espera. Saber esperar a que se produjera el instante decisivo. Como un camaleón que aguarda, pacientemente, al insecto que posa, distraído, justo delante de su lengua.





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