16.11.12

Dana Popa desde el infierno

Dicen que Don DeLillo, mientras escribía Mao II, trabajaba con dos carpetas, a una la llamaba “arte” y a la otra “terror”, nunca será el único. ¿Quién se atreve a describir el trabajo de Dana Popa, “Not Natasha” de “maravilloso”, si no es con otra carpeta a su lado que rece “terrible”?

Dana Popa (Rumania, 1977), bajó a los infiernos de la mano del Open Society Institute para documentar lo que queda de un grupo de mujeres que han sido víctimas del trafico sexual durante años.

Explica que son engañadas por amigos, por vecinos que les prometen un trabajo en la ciudad que las va a sacar del hambre y la pobreza. Son mujeres que jamás hubieran abandonado su aldea. Su pecado es que no fueron capaces de intuir que lo peor las esperaba tras la puerta de sus casas. Son retratos de lo que queda de unas mujeres que sobrevivieron a la sordidez, al canibalismo y al inframundo.

Y es que los depredadores ya no viven entre baobabs, ahora llevan planchados los cordones de los zapatos y beben Veuve Clicquot entre millonarias obras de arte, como si eso fuera a apagar el ruido de fondo que, de noche, a solas, emite su eterna maldad.

Dana Popa, "Not Natacha Series", 2006.
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6.11.12

"The Family of Man" en toda su vigencia.


“The Family of Man” ha sido la exposición fotográfica con mayor itinerancia y más vista de todos los tiempos con más de 9 millones de espectadores. Su catálogo ha sido el libro de fotografía más vendido de toda la historia. Este es el “momento Guinness de los Records”.

La exposición se inauguró en enero de 1955 en el MOMA de Nueva York y viajó durante siete años por 38 países. Edward Steichen, que en ese momento era el director del departamento de fotografía del MOMA, fue su comisario. Actualmente permanece en el Château de Clervaux (Luxemburgo) donde forma parte del Programa de Memoria Histórica de la UNESCO. Este es el “momento dato”, pero te ayudará a entender mejor lo que sigue. 

Steichen fue un intelectual, de los primeros artistas que condujo la fotografía a las galerías de arte, a los museos. Pionero de la fotografía contemporánea. Steichen fue a la fotografía lo que Freud, al psicoanálisis. Estamos ante grandes visionarios, mentes muy superiores y su aportación es inmesurable. Cualquiera de nosotros necesitaría tres vidas para hacer los que estas personas hicieron en una. Ni un minuto en vano.

Pero ¿cuál fue el sentido de esta inmensa exposición?, y su tema... ¿de qué se trataba?, ¿por qué se movió por todo el mundo?, ¿qué hizo que tantas y tantas personas fueran a verla?, ¿cuál es su magia?... y sus críticas, ¿hacia dónde fueron sus críticas?... 


Jack Delano en The Family of Man
Los antecedentes: Esta exposición se gestó en un contexto de enorme incertidumbre y mucha tensión debido a la Guerra Fría. Hiroshima estaba a la vuelta de la esquina, millones de personas habían visto los espantosos efectos de la bomba atómica y vivían bajo la terrible amenaza de una guerra nuclear. Por otra parte la ONU empezaba su andadura y la controvertida Declaración de los Derechos Humanos no había hecho más que ver la luz.

El tema: “The Family of Man” reafirma la fe en la humanidad para una audiencia que, como la mirada de un niño que ha visto cosas que no le corresponde ver, vivía bajo la amenaza de su propia extinción. Fue creada, en palabras de Steichen, “en un apasionado espíritu de amor devoto y de fe hacia el ser humano”. Enfatizaba la paz, el amor al hombre, la conciencia humana más allá de la conciencia social. Presentaba a un hombre sin fronteras, sin etnia, ni grupo social o económico, geográfico o político.
La instalación disponía las fotografías por temas (amor, nacimiento, trabajo, familia, educación, guerra, paz...) de un modo totalmente innovador, por fuera de todos los esquemas con los que entonces se contaba.



La crítica: a “La Familia del Hombre” no le faltaron detractores, a Steichen tampoco. Las hay a decenas, desde los aspectos puramente formales, como que las fotografías son demasiado homogéneas en tonos; hasta los que señalaban la intencionalidad de Steichen y su código ético. Muchos le tildaron de tener una mirada demasiado naïf hacia el mundo, de comisariar una exposición moralista, ñoña, si me lo permitís, donde la individualidad y la identidad de cada retrato, de cada grupo etc., quedaba subordinada a una actividad común de todos los seres humanos (por ejemplo el trabajo, la educación). Hubo quién sospechó de tener una intencionalidad política (para los americanos liberales encarnaba la amenaza comunista, en España, por ejemplo no se mostró. Para los defensores del relativismo cultural suponía un grave peligro ya que subordinaba el valor de la tradición y de la diversidad en aras de representar las actividades comunes de la humanidad, asistíamos la globalización del género humano mucho antes de que el concepto de “aldea global” existiera). 

Los fotógrafos criticaban que Steichen, que había luchado durante décadas para elevar la fotografía a la categoría de arte como una entidad autónoma e independiente de la pintura, la usara ahora como forma de comunicación al servicio de un tema como la humanidad. Vieron una terrible osadía que cada imagen estuviera descontextualizada y que ambos, foto y autor, estuvieran al servicio de comunicar el tema principal. Ninguna fotografía aparecía como obra única, sino que cada imagen representaba las letras de una enorme carta que se le escribía a toda la Humanidad. Nadie era el protagonista de nada. La motivación principal era la supervivencia del Ser Humano en un clima de crisis nuclear, el narcisismo de los autores estaba en segundo o tercer plano, no era relevante.

El reto: Steichen se enfrentaba a un reto muy muy difícil. Esta exposición se gestó con la intención de que fuera contemplada por un inmenso grupo de gente, millones de personas. El punto era crear un sentimiento de confianza, de calidez hacia el ser humano en un contexto lleno de suspicacia, desconfianza y división. Era como cocinar un inmenso y exquisito caldo caliente apto para todos los paladares del mundo.

Esta vez Steichen no promovía la fotografía como arte y a los fotógrafos como artistas, sino que jugaba a otro juego, con otras reglas. Esta vez se trataba de que la fotografía sirviera de lenguaje inteligible para una audiencia global, que el mensaje pudiera ser descifrado igualmente por el indio guatemalteco, por el moscovita o el japonés.

No creo que la actitud de Steichen fuera ingenua y plana, que tantos años y tantas horas dedicadas de lleno a esta exposición tuvieran una intención moralista y escolar. De hecho creo que Edward Steichen adoptó una actitud sumamente responsable y de liderazgo moral en un momento en el que era necesario que los valientes se pronunciaran e hicieran. Un momento no muy distinto al que estamos atravesando ahora.

Como dice nuestra querida @lolaschul, “en la vida puedes hacer muchas cosas, pocas o ninguna; pero si no intentas nada, nunca harás nada”.